El 17 de octubre
es una fecha que, cualquiera sea nuestra preferencia política, no podemos dejar
de reivindicar y recordar con alegría y cariño. Representa simbólicamente la
irrupción de ese nuevo sujeto colectivo masivo que decidía conscientemente
entrar en escena para llenar de contenido democrático a las instituciones. Un
salto cualitativo y cuantitativo fundamental en el protagonismo de las mayorías
populares y en particular de la clase trabajadora, en relación con su historia
de luchas y conquistas.
Una fecha símbolo
que inauguraría una nueva etapa histórica en la generalización de acceso a
derechos sociales, políticos y económicos. Un hito para quienes creemos en la
necesidad de una democracia avanzada para el siglo XXI como proyecto político
nacional, y no nos contentamos con principios republicanismos abstractos y
vacíos, más propios de las repúblicas oligárquicos de ciudades italianas
medievales.
Una fecha que sin
desmedro ni omisión de los hechos reales y concretos de aclamación de quién
entendieron como su líder, los trascienden largamente como hecho histórico y
nos interpela a todos, más allá de nuestras preferencias partidarias e
ideologías, en tanto se re significan como la emergencia de una praxis y una
nueva subjetividad de actores que masivamente expresan su voluntad de defender
sus intereses, a quien en esa circunstancia histórica los representaba claramente.
Una fecha para celebrar, 70 años desde esa hermosa jornada frente a la que no
podemos ser indiferentes las fuerzas progresistas y democráticas hoy abocadas a
la tarea de construir un presente y un futuro en que todos tengamos una muy
buena vida.

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