lunes, 29 de diciembre de 2014

Acerca del indicador "presupuesto diario por alumno"


A fin de clarificar el resultado del indicador "presupuesto diario por alumno" de la Universidad Nacional de Moreno que surge de las notas publicadas el 3 de octubre: “Las universidades K recibirán 5 veces más plata que la UBA” y el 23 de diciembre: “Otorgan un plus presupuestario que beneficia a universidades K del corriente año” en el diario Clarín, hemos construido la siguiente planilla comparativa que recoge la evolución de los 4 años de funcionamiento de la Universidad.

  Moreno
2011
2012
2013
2014
Alumnos Matriculados
1.134
2.342
3.874
5.686
Presupuesto Inicial
$ 30.000.000
$ 50.000.000
$ 58.406.808
$ 81.818.703
Presupuesto diario por Alumno
$ 73,28
$ 59,14
$ 41,76
$ 39,86

En relación al año 2015, para el que la Ley de Presupuesto Nacional ha asignado a la UNM la suma de $ 110.681.547 debemos considerar el total de alumnos matriculados, descontando los que egresen y sumando los ingresantes que resulten de los mas de 4.400 preinscriptos al 19 de diciembre último, por lo que el presupuesto diario que resulte se hallará en el orden del indicador del corriente año con una leve reducción que en modo alguno puede ser de 276 pesos diarios por alumno, ya que dicho guarismo resulta de aplicar como divisor el total de alumnos del 2011 al total de presupuesto inicial del 2015.

Compartimos nota de opinión

En el marco de la sanción de la Ley de Presupuesto Nacional para el próximo año, estableciendo el crédito correspondiente a cada una de las Universidades Nacionales, desde distintos medios se ha impulsado un debate recurrente acerca del "presupuesto diario por alumno" con el animo de enfatizar la "ineficiencia económica" que significa la creación de nuevas instituciones universitarias como es el caso de nuestra Universidad Nacional de Moreno.

En particular, en nuestro caso se indica erróneamente para la base del cálculo, la cantidad de 1.107 estudiantes como divisor del monto del presupuesto del año próximo (determinado en 110 millones) lo que daría lugar a un presupuesto varias veces mayor al de las megauniversidades tomadas como referencia del "gasto óptimo". Mas allá de la falacia de la intencionalidad de las notas, se realiza un calculo erróneo ya que los alumnos de la Universidad al cierre de 2014, totalizan 5.686 a los que deberán adicionase el año próximo los ingresantes que resulten de los mas 4.400 aspirantes preinscriptos a la fecha según a informado la Universidad.

Es por ello que queremos compartir la siguiente nota de opinión que refleja algunas consideraciones compartidas sobre el alcance de la creación de las nuevas universidades en este momento histórico y  que creemos deben ser el disparador de un amplio debate no solo en nuestra comunidad universitaria sino en todo el sistema universitario público. Invitamos también a todos los compañeros que deseen expresar su opinión en este sentido con el animo de dar comienzo a un debate público.
 
LAS UNIVERSIDADES DEL BICENTENARIO: UNA REVOLUCION SILENCIOSA

Lic. Hugo Andrade[1]

Con frecuencia se discuten los aportes del Estado Nacional para el sostenimiento de las Universidades Nacionales, suscitando debates de dudosa rigurosidad, acerca de la racionalidad de las decisiones, particularmente, en lo que atañe a las de reciente creación, sobre la base de argumentos de eficiencia estática en sentido económico.

Queremos contribuir a este debate, ampliando la perspectiva desde la cual parece pensarse la cuestión. Creemos que la pregunta acerca de si deben o no crearse y ponerse en funcionamiento nuevas instituciones educativas no puede responderse, so pena de un reduccionismo meramente instrumentalista, sin reflexionar acerca de los fines de la Universidad como institución en la Argentina del Bicentenario.

Algunos parecen entender este debate como una discusión restringida a la "localización" de las partes de un sistema, localización que parece ser pensada, sobre todo, con base en un criterio de "eficiencia”. Existe algo así como un modelo jerárquico implícito en muchas de las críticas surgidas en el debate, según el cual, en algunos lugares, corresponde que se desarrolle el quehacer universitario pleno, mientras que, en otros, sólo resulta "racional" que las instituciones preexistentes se alleguen a "prestar servicios universitarios". Esto resultaría en una distribución más "racional" de los recursos destinados al sistema público universitario.

Así, la distribución actual de los "recursos" del sistema (edificios, docentes, presupuesto, etc.) es naturalizada como un punto estático de equilibrio y cualquier decisión en contrario es “nivelar para abajo”; sólo hay que hacer lo que la distribución vigente permite. Allí donde el capital y las capacidades humanas acumuladas así lo hagan posible, habrá vida universitaria y pleno despliegue de su institucionalidad. En el resto, habrá "prestación de servicios". Una geografía jerarquizada, con centros, periferias y trayectos de un sólo sentido. El planteo es idéntico al de las leyes inexorables de la economía ortodoxa, en el cual “alterar la dotación de factores” resulta ineficiente.

A la luz de la abundante experiencia, las necesidades de acceso y formación en las zonas periféricas nunca ha podido ser adecuadamente satisfecha por las megainstituciones educativas de los grandes centros urbanos, por resultar menos inclusivas de aquellos con menor capital cultural y presentar ciertas limitaciones para desarrollar vínculos mutuamente enriquecedores con los actores y requerimientos sociales y productivos locales.

Por otra parte, esta pseudoracionalidad cumple una función esencialmente conservadora del statu quo y del balance de poder relativo de los principales actores institucionales del sistema, que avizoran como amenazante la presencia de los nuevos miembros. No es ocioso recordar que el área metropolitana de Buenos Aires no es un espacio integrado y homogéneo, más bien expresa las desigualdades y concentraciones que dominan nuestra sociedad. En este sentido, la reciente creación de Universidades en sus distritos de borde, donde predominan relativamente los bajos ingresos, los empleos menos calificados y diversas barreras de acceso a la educación superior, expresan como pocas veces, la voluntad colectiva de asegurar la igualdad de oportunidades y una redistribución de los recursos con fines de utilidad social.

Política y Técnica. El lugar de la planificación

La creación de nuevas universidades no debe ser pensada desde un criterio ilustrado, fundado en la autoridad real o presunta de los especialistas; demasiadas veces, la misma ilusión tecnocrática ha ganado espacio en el proceso decisorio y sus resultados han sido enormemente decepcionantes. No es una cuestión que se decida desde la razón técnica, sino que es una cuestión esencialmente política.

A modo de ejemplo, cabe preguntarse cuál sería el criterio utilizado para determinar que "una demanda" está "satisfecha". ¿A qué distancia debe estar una universidad de otra para que la distribución de recursos resulte "racional"?. ¿Cómo debe calcularse la misma en un área metropolitana como la de Buenos Aires?. Cómo tomar en cuenta, en este cálculo, el hecho de que la distancia mencionada no constituye un medio homogéneo y transitable en todos los sentidos, sino un medio plagado de los obstáculos que han materializado las desigualdades sociales de quienes lo habitan.


Sin duda, esta matricula resultante de la creación de la Universidad que, en un 93% es primera generación de estudiantes universitarios en sus hogares, constituye una expansión del sistema en su conjunto, ya que se trata de la incorporación neta de estudiantes al mismo, además de una expresión del reto pendiente del sistema universitario en su conjunto por la inclusión social.

Universidad y Nación en el Bicentenario

Entendemos que es necesario repensar los términos de este debate para plantearlo sobre un eje de mayor alcance que el de la eficiencia económica y que ponga en juego, explícitamente, la racionalidad sustantiva de la vida universitaria en la Argentina actual. A nuestro juicio, no se trata de pensar al sistema universitario solamente como una disposición de medios con arreglo a fines preestablecidos y estandarizados sobre la base de las funciones canónicas de: formar profesionales, producir ciencia, inclusive prestar servicios; por lo cual, tan solo se trataría de lograr una “disposición cada vez más eficiente de sus recursos” para cumplir con esas funciones.

Es decir, no se trata sólo de formar "recursos humanos altamente capacitados", ni de prestar "servicios de alta especialización". La creación de nuevas universidades no puede ni debe agotarse en la tríada de funciones señalada. La Universidad no sólo debe producir profesionales y patentes, sino que debe contribuir, desde su especificidad y su historia institucional, a la creación de aquellos lazos e identidades que permitan recrear el tejido social de la Nación para su propio desarrollo como colectivo social. Es en este marco en el que cabe reflexionar acerca de la cuestión de la "inclusión social". Se habla de ello como si se tratara de reposicionar a ciertos elementos individuales en una malla social en la que han perdido su lugar. En este sentido, más que incluir a individuos en un tejido social, lo que se naturaliza es asignar un lugar instrumental desde lo económico o lo político, y no recrear el mismo lazo social en el cual los sujetos pueden construir una identidad y un sentido propio, que habilite la formulación de objetivos personales de progreso y contribución al conjunto, desde un ámbito tan y especialmente propicio como una comunidad universitaria situada.

Bajo las premisas dominantes, construir estadísticos de eficiencia estática comparativa, resulta tan falso como inútil para evaluar no sólo la pertinencia y eficacia de una decisión política de esta naturaleza, sino, en particular, la asignación óptima de recursos públicos entre las partes del sistema universitario; tal el caso de determinar el “presupuesto público diario por alumno” comparando universidades de reciente creación -que aún no han concluido el dictado completo de sus carreras, ni cubierto su dotación mínima de infraestructura educativa-, con megainstituciones que cuentan con equipamientos e infraestructuras completamente amortizadas y por tanto, costos fijos casi nulos.

Una revolución silenciosa

Creemos que la creación de instituciones de educación superior constituye una revolución silenciosa por su poder para agregar nueva densidad al tejido social, para catalizar la capacidad simbólica de los distintos grupos para realizarse en tanto comunidad local y pensarse como parte de un todo más amplio, de una identidad colectiva de más amplio alcance, en el que los actores locales pueden incorporar nuevas definiciones, instrumentos y sentidos que les permita enriquecer su identidad y ampliar su marco de referencia, y para superar la desigualdad y exclusión, como estrategia para alcanzar un desarrollo sustentable del país en su conjunto.

En suma, las universidades nuevas responden a la necesidad de democratizar el conocimiento y proveer a la investigación y desarrollo tecnológico aplicados a fines socialmente útiles y a la vez, alcanzar una mejor relación de cobertura de la educación superior en relación son la distribución geográfica de la población argentina; es decir, se da un paso más hacia el objetivo inmanente de redistribuir el poder, la riqueza y el conocimiento para construir una sociedad más equitativa y que posea las condiciones endógenas necesarias para llevar a cabo un proceso de desarrollo sostenido.

Sin duda, las nuevas universidades están llamadas a ser lugares donde se piense y se recree la Nación Argentina del siglo XXI y donde las comunidades locales se realicen a sí mismas como partes de ese todo. Recrear la Nación Argentina en el Segundo Bicentenario, requiere la configuración del tejido institucional que permita sostener e integrar los lazos sociales y las identidades particulares, en un marco de referencia colectivo más amplio, y canalizar y enriquecer su potencial contribución a un proyecto de desarrollo nacional con inclusión social.


[1] Rector de la Universidad Nacional de Moreno