Somos un grupo de docentes de la UNM que, a partir de diversas trayectorias de participación en la vida universitaria y desde distintas carreras, nos planteamos el desafío de profundizar en la próxima etapa que comienza, el camino iniciado en el proceso de organización de la Universidad.
lunes, 23 de diciembre de 2013
jueves, 5 de diciembre de 2013
UN BALANCE DE LA ECONOMIA ARGENTINA EN DEMOCRACIA
10 DE
DICIEMBRE DE 1983 - 10 DE DICIEMBRE DE 2013
30 AÑOS
UN BALANCE DE
LA ECONOMIA ARGENTINA EN DEMOCRACIA
Como
comunidad universitaria del Departamento de Economía y Administración nos
parece necesario sumarnos a la conmemoración de estos 30 años de continuidad y
plena vigencia del estado de derecho, invitando a la reflexión acerca de los
avances y de las cuentas pendientes en consonancia con un concepto de
democracia que por definición refiere a conquistas y avances en términos de
igualdad y de desmontaje de toda forma de privilegio o fuente de asimetría en
la distribución de recursos.
Desde
el punto de vista económico, dos de esas tres décadas se asocian a los efectos
regresivos perdurables y a los condicionantes derivados de la profunda
reestructuración social y económica iniciada por la dictadura militar, en
coincidencia con un período de “revolución conservadora” a nivel mundial que se
manifestaría en todos los campos de la vida social, política y cultural de
nuestros pueblos, y que inspiró políticas y reformas “antikeynesianas” como
respuesta a la crisis estructural capitalista de los años ‘70, luego de un ciclo
largo expansivo “fordista” de la segunda posguerra (“los 25 años gloriosos”,
estado keynesiano y del bienestar).
La
dictadura militar que irrumpió a sangre, fuego y terror en 1976 fue funcional
para que una minoría o fracción del capital más concentrado logre su hegemonía
política mediante el control y la subordinación del Estado, eliminando toda
permeabilidad de este a la inclusión de cuestiones que hacen a los intereses de las mayorías
populares e instaurando un régimen de acumulación basado en la valorización
financiera que recién va a derrumbarse hacia 2001I2002, cuando se expresa en su plenitud
la devastadora crisis asociada a su agotamiento.
Se
trató de un período en el que conocimos las manifestaciones más extremas en
materia de anomalías económicas como la hiperinflación, la hiperdesocupación,
las recurrentes crisis y corridas bancarias, la progresión geométrica del
endeudamiento externo, la sangría de recursos hacia el exterior, la cesación de
pagos y hasta la deflación (1998-2000) y cuasi desaparición de la moneda
nacional.
La
primacía de la renta financiera desplazó al eje en las actividades productivas
borrando de la agenda pública toda aspiración a desarrollo económico y
desmontándose la institucionalidad y las políticas
públicas que hasta mediados de los ‘70 habían posibilitado configurar una
sociedad que, aunque periférica y dependiente, contaba con elevados niveles de
integración social y ciertos niveles de
industrialización que, aún con sus insuficiencias, sin dudas constituía una plataforma
valiosa para implementar otro tipo de estrategia de desarrollo capitalista diferente.
El
saldo que se fue acumulando hasta 2002 fue contundente en cuanto a regresividad
y deterioro en materias: social, productiva (reprimarización, simplificación de
la estructura, achicamiento), de distribución de ingresos,
científico-tecnológica, cultural y de reforzamiento de vínculos de pasividad y de
menor autonomía decisoria en cuanto a inserción internacional, con una
constante de transferencias netas al exterior de una parte importante de la
riqueza nacional generada: pagos crecientes de deuda externa, giro de
utilidades y fuga de capitales. Esta última, en lo sustancial, realizada
sistemáticamente por los mismos grupos económicos empresariales concentrados que
también transfirieron al Estado su contrapartida de endeudamiento para que pagáramos
todos los argentinos. “Socializar pérdidas y privatizar ganancias”, un
verdadero “Estado Hood Robin”.
En
el campo del pensamiento económico se asistió al predominio de la ortodoxia
neoliberal a partir del gran protagonismo que adquirieron los organismos
internacionales de crédito (FMI, Banco Mundial), la mayor influencia de
fundaciones y centros de pensamiento conservador o “think tanks”; el lugar
creciente de las universidades privadas; el desfinanciamiento y la reconversión
de los programas
de enseñanza e investigación en ciencias económicas en la mayoría de las
universidades públicas del país, en que la matriz de formación neoclásica se
naturalizó como si fuera La Ciencia Económica,
con sus postulados reduccionistas y abstractos, el uso y abuso de la matemática
en detrimento de su carácter de ciencia social, criterios de eficiencia
estáticos y la pretensión de validez universal.
Asimismo,
debe destacarse el auge de los intelectuales neoliberales (profesionales de
medios, economistas con estudios en EEUU, pensadores permeables al discurso del
“fin de las ideologías”, etc.)
y la concentración y centralización en el ámbito empresario de multimedios con
predominio de un discurso despolitizador, apologético de la libertad de mercado
y promotor del individualismo.
A
título ilustrativo, es oportuno recordar que en la década del 90 se llegaron a publicar
estudios en que se sostenía que algunas provincias eran “inviables” económica y
financieramente y que debían desaparecer agrupándose en otras unidades
regionales. Las universidades de élite de EEUU se constituyeron en las
referencias de lo que debían ser las mejores prácticas y los conocimientos de
“frontera”.
La
política, reducida a la mera administración de las decisiones de los núcleos de
poder concentrado, se fue vaciando de contenidos y se desprestigiaba al no
contemplar las demandas y los intereses populares. Buena parte de la dirigencia
política de los partidos populares tradicionales defeccionaron ante el auge
neoliberal ya sea por desconocimiento, oportunismo, directo enriquecimiento, vínculo
orgánico con grandes empresas o priorización de supervivencia y reproducción
corporativa y que, en ciertos casos, hasta adhirió con entusiasmo al nuevo
consenso o “clima epocal”.
La
centralidad de la atención de los intereses de los grupos económicos concentrados
en la agenda estatal se va a imponer y sostener atravesando los gobiernos
constitucionales, condicionados y asediados por la situación estructural que
tuvo como claro resultado un achicamiento de la economía nacional.
En
la década del 90 esos grupos empresarios van a consolidar también su predominio
económico (privatizaciones, reducción del Estado) en todas las áreas que
generaban oportunidades de alta rentabilidad (monopolios de servicios públicos,
de alimentos y de insumos industriales de uso difundido; recentramiento en
producciones agropecuarias tradicionales y en manufacturas de ese origen). Se destaca particularmente, hacia mediados de
esa década, el inicio de un nuevo proceso de profunda extranjerización de la estructura
productiva nacional, el cual llega hasta nuestros días.
Este
nuevo experimento de aplicación de reformas conocidas como “Consenso de
Washington” terminó muy mal para las mayorías populares, con graves
consecuencias que llegaron hasta la ruptura misma de lazos sociales al generar
“varios países”, más allá del indudable éxito que tuvo en definir como claros
ganadores a una minoría beneficiaria por ingentes trasferencias de recursos sin
que ello se tradujera en inversiones productivas.
Una
“economía de endeudamiento” a partir de la apertura comercial unilateral y la
plena integración a los flujos financieros internacionales que instaló un
imaginario acerca de la supuesta “normalidad” en cuanto a disponer libremente
de divisas para cualquier fin, sea fugas, usos o consumos suntuarios, cuando no
parasitarios como es el caso de la adopción del dólar como moneda de reserva de
valor para ciertos sectores de ingresos altos y medio altos, con el agravante
de difusión e imitación de otros sectores sociales, condicionando las políticas
favorables a las mayorías, conforme la relevancia de la escasez de divisas como
condicionante en una economía como la nuestra, propagando en el tiempo las
inercias favorables a ciclos con irrupción de crisis permanentes.
Una
manifestación contundente de ese Estado Nacional desmembrado fue la situación a
la que se llegó en relación a una de sus funciones originarias, soberanas o
fundantes como es el control monetario centralizado y legal en todo el territorio
nacional cuando irrumpieron múltiples monedas provinciales hacia fines del
siglo pasado.
Recién
en este siglo, luego de la divisoria de aguas de la hecatombe de 2001/2002 y
las respuestas que comenzaron a implementarse con el Gobierno que asumió en
2003, las alianzas de contenido popular comienzan a reactivarse y a posibilitan
la progresiva reversión de las políticas antipopulares y predatorias
anteriores. Progresivamente, y muy especialmente a partir del conflicto con las
patronales y grupos empresariales que se abroquelaron detrás de los intereses
del modelo de “agronegocios” sojero, se van sucediendo acciones de gobierno que
lo ubican claramente dentro de las mejores tradiciones de los gobiernos
democráticos y populares de Argentina y Latinoamérica, dejando atrás la larga herencia
de mera administración de las decisiones e intereses de los núcleos de
poder concentrado.
Se
inicia así un ciclo de recomposición de instituciones y de cambios hacia
políticas económicas y decisiones estatales reparadoras que permitieron
aumentar la autonomía del Estado respecto de las corporaciones y orientarlo progresivamente
hacia una agenda de desarrollo capitalista diferente, recuperando inspiraciones
económicas de origen estructuralista y keynesiana para intentar proveer a objetivos
de: diversificación productiva e industrialización, mayor destino productivo de
la inversión, inversión en ciencia y tecnología, fuerte recuperación del
empleo, y del salario a través de la institucionalidad del salario mínimo y de las
negociaciones en paritarias. En coherencia con la importancia otorgada al
desarrollo del mercado interno; el impulso a la integración regional en el
marco del Mercosur; políticas económicas que fueron revirtiendo el largo
predominio de políticas contractivas del nivel de actividad (como son las
ortodoxas), y que fueron recuperando un rol anticíclico; administración del
comercio externo en favor del valor agregado nacional.
Nuestra
Universidad es a la vez expresión y parte activa de este proceso secular de
profundización democrática, de expansión de derechos y de apertura de opciones
plurales para la discusión de ideas en materia de ciencias y gestión de
conocimiento. En particular, para dar cabida a las distintas tradiciones de
pensamiento económico y de modelos de gestión
de la variada gama de organizaciones existentes en nuestro territorio, a los
fines de generar conocimientos más adecuados a nuestras propias necesidades de
definir y dar respuestas a los problemas del subdesarrollo y de la exclusión
social (desarticulación y desintegración productiva, debilidades en cuanto a
autonomía nacional para controlar y orientar el desarrollo de las fuerzas
productivas, insuficiencia de sujetos impulsores del desarrollo, etc.).
En un contexto de recuperación
del debate social en términos de economía política, podemos citar entre las principales
acciones progresivas recientes: reestatización del régimen previsional, ley de
movilidad jubilatoria, ampliación del régimen de asignaciones familiares (Asignación
Universal por Hijo con actualización); salario mínimo y negociaciones
salariales periódicas mediante paritarias; modificaciones a la Carta orgánica
del Banco Central (recuperación de grados de soberanía en materia de política
monetaria y manejo de reservas); nueva ley financiera (tendiente a incentivar
el ahorro nacional y la disponibilidad de recursos para el crecimiento); recuperación
del control estatal de YPF para objetivos de desarrollo nacional; vigencia de “tipos
de cambios múltiples”, una combinatoria de instrumentos más adecuada para dar
cuenta de la heterogeneidad productiva y social; política arancelaria y
comercial más adecuada al interés nacional de protección y diversificación productiva;
controles y restricciones a la entrada y salida de divisas (contra fuga de
capitales y subordinación a actividades especulativas); ruptura respecto de la
injerencia del FMI en el diseño y la auditoría de políticas macroeconómicas; recuperación
del rol estatal en el sostén de la demanda agregada; la priorización del
mercado interno y la política internacional de construcción de un bloque
sudamericano autónomo de los EEUU y su propuesta de ALCA.
No
obstante, más allá de los citados avances, aún son muchas las cuentas
pendientes y los condicionantes que subsisten, especialmente debido a la
magnitud que adquirió la regresión social y productiva
acumulada a lo largo de tantos años: estructura productiva poco diversificada;
restricción externa (tendencia a la escasez estructural de divisas como límite
al crecimiento económico); disminución de la elasticidad producto/empleo; gran
concentración del poder económico y de núcleos con alto poder de veto a la
implementación de políticas que no consideran ventajosas aún cuando estén más
atentas a objetivos de claro progreso popular (p.e. capacidad de generar,
concentrar y acumular divisas, aumentos de precios e inflación como barrera en
la puja por objetivos de mayor progresividad en la distribución del ingreso);
un mercado de trabajo heterogéneo que, aún con sustanciales mejoras, sigue
mostrando sus núcleos duros de informalidad y precariedad; resortes centrales de
la economía nacional en manos del capital extranjero en un marco mundial
“globalizado”; hábitos y obligaciones que se traducen en una verdadera sangría de
recursos generados en el país y que van al exterior, sumándose a la tradicional
alta elasticidad de las importaciones respecto del crecimiento (fuga de
divisas, pagos de deuda externa, remisión de utilidades y precios de
transferencia desde filiales de Empresas Transnacionales que operan en el país);
contexto de crisis internacional que plantea la necesidad de administración y
regulación estatal del comercio y las finanzas.
Es
en este nuevo contexto que nos planteamos el desafío de revisar la generación
de conocimientos y la formación en el campo de las ciencias económicas como
Universidad pública comprometida con el porvenir de nuestra comunidad cercana y el país en general. Estos últimos años que
vivimos son una interpelación a la Universidad pública para contribuir a la
reversión de las dos décadas anteriores de frustración económica y social que
ha padecido nuestro país, por lo cual no podemos ser ajenos a los cambios que,
desde los ámbitos de movilización y decisión política o institucionales se han
producido, cuestionando profundamente a la ortodoxia del pensamiento económico,
presentado como único posible.
En
este contexto, una nueva generación de Universidades Nacionales, llamadas a
cumplir un papel fundamental en el desarrollo de las comunidades donde se
insertan, procuran comprometerse con la construcción de una Argentina
industrial, moderna e inclusiva. En particular, en el Departamento de Economía
y Administración de la UNM procuramos desarrollar propuestas de Planes de
Estudios y de diseño curricular que reconozcan la diversidad de enfoques teóricos
y las corrientes heterodoxas y alternativas al pensamiento del Mainstream, que
incluye el rescate de las ricas tradiciones en ciencias sociales nacionales y
latinoamericanas, promoviendo de esta forma, los intentos de una aproximación a
la realidad económica y social más apropiada para enfrentar los desafíos del
presente.
Este
desafío constituye el eje central de su orientación pedagógica, en la que se
prioriza no sólo la comprensión de la dinámica del capital en el largo plazo,
sino también, y centralmente, el abordaje de la problemática del trabajo y los
trabajadores, como fuente real de la riqueza; y la diversidad de actores y
formas organizacionales que operan en la economía local y regional en forma concomitante
con la economía de mercado, como es el caso del mundo de la “economía social”, las
unidades productivas de pequeña escala y el amplio y complejo mundo de las
distintas estrategias de sobrevivencia en relación a las condiciones materiales
de existencia.
Reafirmamos
nuestro compromiso en seguir trabajando en una propuesta innovadora de ruptura
epistemológica con la tradición de la enseñanza que más bien ha contribuido a
la configuración de una cosmovisión de la ciencia económica como una ciencia
neutral, ahistórica y universal, cuyas leyes de comportamiento pueden
parangonarse con la ley de gravedad, dando lugar a recomendaciones de política
económica que han resultado incapaces para promover el desarrollo económico y
social de nuestro país en gran parte de estos 30 años de plena vigencia de la
democracia y los derechos civiles, condenando a la exclusión de millones de
personas a partir de un discurso de supuesto “aprovechamiento de oportunidades
históricas” que encubre un modelo de país factoría, para la mitad de la
población actual, con un rol pasivo y subordinado de mero exportador de
productos primarios.
Es por ello
que en este momento de celebración, nos sumamos con este balance de logros y
retrocesos que alimentan la reflexión y orientan nuestro proyecto académico, con la convicción profunda de que construir memoria
histórica es condición fundamental para la identidad y la conciencia nacional.
Departamento de
Economía y Administración de la UNM
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
